LOS PORROS (la mota) ERAN UN JUGUETE
Con toda una vida por delante y a sus 17 años, Raúl se ha dado cuenta de una triste realidad: lleva tres años enganchado al cannabis y al alcohol. Comenzó con 14 años, «por los amigos», se justifica. «Los porros eran como un juguete, para probar, hasta que consumes a diario y no puedes parar». Siete meses de tratamiento en Proyecto Hombre le han hecho ver la vida con otra perspectiva, y madurar a pasos de gigante.

Ahora es consciente de los problemas que causó a sus padres -«no hablaba con ellos, ni les contaba nada de lo que hacía. Sólo entraba en casa para comer, cenar y dormir», dice-; de sus llegadas y salidas a deshoras; de lo que supone abandonar los estudios... «También fumaba en el instituto y los fines de semana empezaba a ponerme el sábado al mediodía». ¿Y el dinero para comprar? «Trapicheas o se lo quitas a tu madre», confiesa arrepentido. Hasta que un día su familia se percató de lo que ocurría y su hermana le convenció de que debía someterse a un tratamiento de deshabituación. Desde entonces, sabe que tiene otra oportunidad y no la quiere desperdiciar.

Siempre por los padres El caso de Raúl es el de otros 1.734 adolescentes que el año pasado acudieron a Proyecto Hombre demandando un tratamiento para desengancharse de las drogas, casi siempre guiados por la familia. «La mayoría llega a nuestros centros de la mano de sus padres o porque ya han comenzado a tener serios problemas con la justicia», explica Joan Soler, terapeuta de esta organización en Cataluña. «Al principio los chicos no relacionan sus problemas con las drogas». De esta forma, trabajando a diario con ellos, Proyecto Hombre lanza cada año un estudio que refleja las tendencias del consumo de drogas entre la población española, y muy especialmente entre los más jóvenes. Ayer su presidente, Jesús Hernández, y la delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), Carmen Moya, dieron a conocer a los medios de comunicación un informe sobre el perfil psicosocial de los menores atendidos en esos centros. Entre los adolescentes, la realidad de las drogas no mejora: aumenta el uso de bebidas alcohólicas y se consolida el policonsumo (en especial de alcohol, cannabis y tabaco) y, sobre todo, el abuso del cannabis. Una de las mayores preocupaciones de esta organización, pues teme que esa sustancia sea la puerta de acceso a otras drogas como la cocaína. De hecho, el cannabis sigue siendo el motivo principal por el que las familias y los jóvenes acuden a los programas de Proyecto Hombre. En 2007, 1.565 familias recibieron tratamiento en la organización, lo que supuso un aumento del 37,4%. Más cannabis que tabaco Ya la encuesta de 2006 sobre Drogas y Población Escolar del PNSD anunciaba que más de la mitad de los chicos (58%) de entre 14 y 18 años había consumido alcohol en el último mes, el 20% cannabis y el 14% tabaco. Con lo cual las cosas no parecen cambiar, entre otros motivos porque los más jóvenes no perciben el riesgo que supone consumir esas sustancias. Empiezan con los amigos, para integrarse en el grupo y divertirse durante el fin de semana, es decir en los momentos de ocio y tiempo libre. Y siguen manteniendo sus estudios, trabajo y la misma vida familiar. Cuando se dan cuenta ya han traspasado la puerta de entrada al mundo de las drogas.

Diario ABC, Madrid, Esp., mayo 29, 2008, M. J. PÉREZ-BARCO. MADRID




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