¿DESPENALIZAR EL CONSUMO DE DROGAS?

Cambiar Políticas Públicas


Una abrumadora mayoría piensa que las políticas en las que se basa la guerra contra las drogas (represión de la producción, interdicción de las importaciones, prohibición del consumo y criminalización) no se pueden cambiar. Esta contradicción no es sólo de los estadounidenses. Las encuestas revelan que estas ideas forman parte de las creencias de altos porcentajes de la población en muchos países: pobres y ricos, exportadores e importadores de narcóticos, democráticos y autoritarios, asiáticos, europeos o americanos. ¿Cómo explicar esta irracionalidad? ¿Cómo es posible estar en contra de cambiar una política pública que se sabe que no funciona? La respuesta es que la prohibición de todo lo relacionado con las drogas ha creado un clima donde también está vedado pensar libremente sobre alternativas a la prohibición.  Un senador estadounidense afirma que: "Muchos de mis colegas y yo sabemos que los esfuerzos que se hacen para combatir el narcotráfico y el consumo de drogas no sólo no funcionan sino que tienen efectos contraproducentes. Pero esta es una posición políticamente suicida. Si lo digo públicamente es casi seguro que pierda mis próximas elecciones".Y no son sólo los políticos: "¿Por qué a pesar de los esfuerzos, la situación en Afganistán se ha deteriorado tanto? La causa es el tráfico de drogas, que es sin duda alguna la fuerza económica que nutre el resurgimiento de los talibanes. Cuando estuve allí en 2006 no podíamos ni mencionar el tema. Era un asunto sobre el que nadie quería hablar". Esto lo dijo el general James Jones, ex comandante del Cuerpo de Marines (1999-2003) y comandante supremo de la Alianza Atlántica (2003-2006). Cabe notar que esta declaración la hizo meses antes de saber que iba a ser nombrado por el Presidente Barack Obama asesor para la Seguridad Nacional. La manera en la que el mundo enfoca el problema del tráfico y consumo de drogas es indefendible. Todos los analistas objetivos que han examinado el tema concluyen que el régimen actual requiere una urgente y profunda reforma. El problema es que cualquier propuesta en este sentido es usualmente contestada con acusaciones de ingenuidad, complacencia con los narcotraficantes y hasta de complicidad con ellos. Sin embargo, la realidad y los números son abrumadores. A pesar de los inmensos esfuerzos no hay evidencia alguna de que se estén alcanzando los objetivos de disminuir la producción o el consumo de drogas. Recientemente, el Gobierno británico informó que en ese país la abundancia de cocaína es tal que estaba costando menos que una cerveza o una copa de vino


Temerarias Propuestas de Legalización


Concluir que la manera como se ha conducido el combate al tráfico y consumo de estupefacientes en el hemisferio americano durante las últimas cuatro décadas no funciona, es una verdad irrefutable Pero improvisar temerarias propuestas de legalización de ciertas drogas, sin ampliar el debate a sus instancias políticas, judiciales, policiales y de salud pública, no sólo complica el problema sino que inhibe el debate racional sobre el tema. En este sentido, es apreciable la reciente propuesta de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, presidida por Fernando Henrique Cardoso, Ernesto Zedillo y César Gaviria, tres ex Presidentes que han tenido que lidiar con el problema, a revisar las políticas de prohibición del consumo individual y a considerar otros enfoques "que traten el problema de las drogas más como un asunto de salud pública que como una guerra". Documentar el fracaso de la estrategia actual es relativamente sencillo.


En Estados Unidos, uno de cada 100 ciudadanos está en la cárcel, la inmensa mayoría por tenencia de drogas. (Cada recluso le cuesta al Estado 34 mil dólares al año -unos 26 mil euros-, mientras que el costo anual de tratar a un adicto a las drogas es de 3 mil 400 dólares). La violencia que se vive en México, Colombia o en cualquiera de los barrios pobres de América Latina, África y Asia es en gran medida un daño colateral causado por la guerra contra las drogas. La situación es insostenible y necesita un nuevo enfoque. Por favor, lea el informe en www.drogasydemocracia.org.


Se habla de manera irresponsable y genérica


En la misma Unión Americana, por ejemplo el número de personas mayores de 12 años que consumieron alguna droga en 2007 ronda los 20 millones, una cifra que ha permanecido estable por lo menos desde 2002, según los datos del Departamento de Salud y Servicios Humanos federal. Peor aún, según las autoridades estadounidenses, hoy los cárteles mexicanos controlan el tráfico de drogas en por lo menos 230 ciudades norteamericanas y el año pasado hubo más de 370 secuestros, en su mayoría ligados al narcotráfico, en la ciudad fronteriza de Phoenix, Arizona. En México, se calcula que el año pasado la violencia ligada al narcotráfico causó la muerte de unas seis mil personas, más del doble de los muertos el año anterior. El negocio de las organizaciones criminales en varias partes de la república se ha ampliado y ahora incluye la extorsión de impuestos a negocios legítimos. El armamento de los cárteles mexicanos es mayor y mejor que el del Gobierno mejor armado de la república.


Hoy, México no sólo es un país por el que transita la droga hacia Estados Unidos sino que se ha convertido también en un país de consumidores de ilícitos. El Plan Colombia, según el último reporte del brazo investigativo del Congreso, no ha servido para disminuir el flujo de cocaína desde Colombia hacia Estados Unidos. Otros reportes oficiales estiman que el tráfico de cocaína de la región andina al resto del mundo creció de 220 toneladas en el año 2000, a 380 toneladas en 2006. Según datos del Centro Nacional de Inteligencia para Drogas, entre 8 mil millones y 23 mil millones de dólares que ganaron los cárteles de la droga, cruzaron la frontera entre México y Estados Unidos en 2005.


En Centroamérica, las pandillas expulsadas de Estados Unidos se han convertido en el brazo armado de organizaciones criminales transnacionales que no sólo distribuyen y venden drogas sino que han sido utilizadas para ejecutar crímenes políticos. Los ejemplos de las fallas de la estrategia actual abundan. Lo que falta son iniciativas viables para cambiar el paradigma actual. Moisés Naím, uno de los 17 miembros de la Comisión, criticó a quienes de manera irresponsable y superficial hablan genéricamente de la "legalización de las drogas" porque así es como "se banaliza y estanca la discusión" sobre el tema. También cuando critica a quienes impiden la "discusión racional de los costos y beneficios" que tendría, por ejemplo, despenalizar la tenencia de marihuana para el consumo individual.


Debate Racional


Existe la tendencia a mantener un debate racional, no por la capitulación ante el fracaso actual se subraya que la idea de legalizar las drogas es tan antigua como las políticas de combate al narcotráfico. Cuando Richard Nixon le declaró la guerra a los cárteles en 1969, el economista conservador Milton Friedman pidió su legalización. En los 80 el guerrero fue Ronald Reagan y George Schultz, su Secretario de Estado, el abogado de la legalización. Los académicos de izquierda también se han distinguido por su plácido acercamiento al tema. Todos, sin embargo, han recomendado que la legalización no incluya a los menores de edad y que se dé a las drogas el trato legal que se les da a las bebidas alcohólicas.


En la práctica, esto significa que habría mayor disponibilidad de drogas en el mercado para los jóvenes, lo que, en opinión de especialistas en cuestiones de salud pública, si acaso aumentaría el número de adictos. Actualmente, el número de menores de edad que consumen bebidas alcohólicas es mayor que el número de jóvenes que consumen drogas. En este sentido, mientras no se demuestre lo contrario, se mantiene una conclusión: dado el enorme número de menores de edad que consumen marihuana al igual que otros estupefacientes, legalizar alguna droga ni desplazaría a los cárteles del negocio ni eliminaría la violencia que generan. Reforma, Méx, DF,


 





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