PATERNIDAD ALCOHOLICA

Padres Alcohólicos


Aquella mañana fría y lluviosa, salió con una gran carga de culpa, esa que se lleva sobre los hombros, la cabeza, el corazón y especialmente en el ánimo. Sí, en efecto, la culpa que no deja ni abandona por un solo momento y que se intuye que puede durar todo el día o bien toda la semana e, inclusive, todo el tiempo. La noche anterior bebió como lo hacía desde hace años, aunque ya no recordaba o más bien, no deseaba recordar cuándo empezó a beber y a festejar sobre cualquier pretexto.


El alcohol, su compañero inseparable, lo acompañaba prácticamente toda la jornada. El problema inició justo cuando, sin pensarlo se le fue encima a golpes a su esposa Laura. Recuerda que golpeó a su mujer y a uno de sus hijos, cuando el pequeño se interpuso entre el padre borracho y la esposa. También recuerda que estaba muy enojado, pero ahora con la resaca a cuestas, tenía una extraña sensación de culpa, de malestar en el ánimo, algo que por cierto algunos hombres con este problema han olvidado.


Toño, convertido ahora en ejecutivo de clase media, sabía que tenía que trabajar de sol a sol para mantener el nivel de vida que desde joven quiso para su familia. Con una infancia llena de carencias, con unos padres que apenas lograron terminar la primaria. Él se propuso que no sería como su padre, que tomaba cotidianamente, ni como su madre que soportaba las borracheras del padre. Ahora no sabía con exactitud que lo llevaba a tomar y a convertirse en el monstruo de una familia que decía amar.


La operación le resultaba incomprensible ¿cómo amar a alguien, su familia, y al mismo tiempo tener la capacidad de lastimarlos? Era algo que no podía entender; lo que si reconocía era que tenía que trabajar duramente, y que el trabajo pasó de ser una pasión que le deparaba satisfacciones, a una necesidad que tenía que cumplir a como diera lugar, logrando con esto que por momentos se olvidara de todo, incluyendo a la propia familia. El trabajo se había convertido en lo más importante para su vida; la actividad laboral sentía que le daba no sólo estatus profesional, reconocimiento a su esfuerzo, un salario que en estos días es difícil tener y una capacidad de logro tan profunda que sentía que todo, absolutamente todo se lo debía al trabajo. De pronto apareció una extraña emoción: al tiempo que gustaba del trabajo, éste lo agotaba sensiblemente y se presentaba esa imperiosa necesidad de tomar un trago que lo relajara, del primero pasaba al segundo y de este al tercero, etc.


Sentía que el alcohol le funcionaba bajo la creencia de que le servía como una maravillosa anestesia que hacia que sus momentos depresivos, los cuales no reconocía, fueran pospuestos. Su dolor, amargura, resentimiento e ira contra la vida, no sabía cómo y cuándo aparecieron y, sin embargo estaban ahí, precisamente cuando bebía hasta perder el control. Trabajo + alcohol resultaba una combinación peligrosa para Toño, la esposa Laura y sus hijos. Sabia que bebía con prisa, con ansiedad y con una sed que lo hacían un hombre violento al sobrepasar los límites del consumo. Sin embargo, había en Toño un aspecto que lo podía colocar en el camino de la recuperación: la culpa asumida desde la vergüenza de violentar a su familia, para la cual trabajaba tanto y a la que amaba. Tener conciencia de enfermedad, en este caso de la enfermedad llamada alcoholismo, colocaba a Toño, el ejecutivo, el hombre trabajador, en el umbral de la recuperación. La pregunta empezaba a surgir en él: ¿por dónde empezar y a quién pedirle ayuda? Línea UAM. www.lineauam.uam.mx


 





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